Podrá ser, amigo.
En alta estima solemos tener a la educación. mas en la
finalización de la jornada educativa vemos con desesperanza la posibilidad de
que un joven se entusiasme en abordar un contenido académico con el cual ha
estado “patinando”, en el sentido de “no dar pie con bola”.
Y los que disfrutan más su tiempo en la plaza en
algunos de estos dos divertimentos, de pronto alzan la mirada y podrán
preguntarse ¿y por qué no?
“Salvar el año” en matemáticas, particularmente, es
una tarea a la cual quisimos contribuir con la Asociación Civil
CIANA, dedicada, en el municipio al trabajo educativo remedial, llamémoslo así.
Tras contar con el ofrecimiento de uno de los espacios
para el trabajo comunitario de la
Biblioteca de Los Palos Grandes, la oferta fue desarrollar un Taller: “Matemática sin
Temor”. Tras una temporada inactiva, la asociación convocó algunos de sus niños
y niñas habituales y complemento con un llamado “cara a cara” en la Plaza de Los Palos Grandes.
A la primera sesión, acudieron las madres. Algunas se
quedaron -algo que deseo experimentar
más, buscando lo sistémico-. En los pocos puestos disponibles, ofrecidos por
los muchachos, disfrutaron de la
historia de los números, descubrir como los conjuntos numéricos se iban
agotando ante el surgimiento de dificultades para resolver operaciones. Los
juegos de agilidad mental iban dando cuenta de destrezas, de interés, de
actitudes, de empoderamiento. Descubrir
que algunas operaciones se facilitan con estrategias –especie de operaciones
mentales encubiertas-, descubrir la matemática presente en lo cotidiano, por
ejemplo, en la música.
Luego aparecieron las regletas del cuisennaire, para
el manejo concreto de las operaciones, la imagen de la balanza, para que las
sumas algebraicas dejaran de ser un tormento. Y nos fuimos sumergiendo en
conceptos y problemas tipo, alternando con juegos que implicaran paciencia y
logro.
Mi hijo colaboró: me prestó su examen de la última
olimpíada matemática. Gradualmente fueron apareciendo problemas como
interesantes desafíos.
Queda el desafío de la autogestión: de sentarse con
papel y lápiz, frente al problema que el libro sugiere, sabiendo ya dónde se
está parado. Y en el compromiso de superarse. Superar el tiempo de exposición a
la tarea, a la actitud impaciente, a la autodescalificación. Y a la de los
otros. Incluso la de los profesores y profesoras que hacen una especie de logro
personal, de insufle del ego, de cuantos quedan aplazados, ni siquiera para
otra oportunidad. ¡Qué fallo!
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