Recreando lo posible
Y la sorpresa de una
pelota de eje invisible tomo el centro de la plaza LPG y los niños, cual
enjambre, cambiaban la dirección del goce de su carrera, buscando la cercanía
de aquel cuerpo volador.
No hubo alcaldía ni
Comité de Usuarios que programara la actividad, fue el sentido de bondad que
viene acompañando a un vecino, un abuelo habitué, el mismo de los barquitos
creativos en el espejo de agua.
Un riesgo calculado:
una pelota mórbida, una altura calculada sobre las cabezas, un empaste de
teipes para poderla retirar oportunamente, y así retomar la faena lúdica en
otra ocasión, con la posibilidad incluida de no acabar la fiesta en forma
abrupta. El sustituto de la botella plástica permitió relentar las ganas.
Y los adultos que también
andamos con nuestro “ludus vitalis” encima, los mismos que ayudamos a sacar
pelotas del espejo de agua con cordeles, correas o batiendo las aguas, y nuevos
participantes bienvenidos, sabíamos que no sólo estábamos allí para desenredar
algún hilo que llevase a la pelota a dar volteretas sobre tubos o columnas,
como huyendo, tomando pausa. Esperábamos los acercamientos de altura y
disfrutábamos del momento de participar también, sobre todo haciendo de héroes
de con tino certero que volviera la oportunidad de liberar la pelota detenida, trayendo con ello
de nuevo la acción que generaría alegría colectiva.
Otro día también
amaneció la propuesta de las siempre atractivas tomas de la Caracas cenital, en varios
paneles para el goce de los viandantes. La locación, prevista hasta el 31 de
Agosto, era todo un desafío para los habituales usos de las rejas, como
arquerías que hacían fondo a este improvisado espacio expositivo. En el ensayo
se pudo ver algún niñito que, como quien pasa con un palito descubriendo la
musicalidad de una reja, gozaba de un bamboleo fácil de los paneles que era
capaz de producir. Las guayas soportaron en la medida en que estuvieron
suficientemente apretadas. También, como vecino, me ocupe en ocasiones del
mantenimiento. Lamenté no hacerlo con tiempo con un panel que largó la tensión
de la tela que nunca nadie volvió a fijar, tras la caída de espaldas de un
muchacho. Las pelotas que más golpearon las telas fueron las de los más
chiquitos, los grandes supieron transigir con los cambios y adaptarse. El
constreñimiento de los espacios del consabido futbol llevó a negociar con más
frecuencia a las poblaciones habitué. Sorprende la decisión, en tiempos de
vacaciones y el colocar las cosas y no ocuparse más de ellas.
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