De nuevo (en) la plaza de Los Palos Grandes
Salir de la casa, del nicho familiar, donde
nuestras rutinas nos brindan confort y seguridad y dominio de la escena. Donde
también nos alienamos. Atreverse a explorar la plaza, estar en un espacio
compartido, un destino de expansión, y desde allí observar y dejarse llevar por
las ganas de estar con más o menos contacto, con más o menos estructuras
conocidas, con ánimo de curiosear De ser.
Los que somos padres de niños en vacaciones,
así como los de los más chiquitos, tenemos un cupo garantizado, a veces un
encuentro predecible con nuevos amigos.
Con ese azar que nos ofrece, entre otras
cosas, un tránsito muy variopinto de razas caninas, quienes también
interactúan, más allá de seguir la huella del almizcle que algún distraído
acompañante dejó colar. Interactúan más allá de olerse y ladrarse (es curioso
ver cómo algunos perros, en la expresión de su amaestramiento, ni ladran).
Es una realidad tangible que el espacio puede
ser ocupado, habitado. Hay quienes se han atrevido a más, desde su exploración,
desde su libertad, desde su compartir.
Hay quienes desde su expectancia de un evento
cultural, se han hecho habitués. La cultura física ha tenido también sus
atrevidos, también se ha visto algo de yoga.
El dolce far niente, en bancos, escaleras,
tribuna, miradores, es también común.
Y así, en forma similar, los chorritos
llamados interactivos, para marcar con la palabra, de entrada, que está
permitido estar allí. Al inicio me pareció ver agentes policiales “chinguitos”
de las ganas de llamar la atención ante el despliegue de alegría y libertad,
así como a varios otros tantos sin uniforme ni función de custodia. Y tal vez
frenándose al recordar las palabras permisivas del alcalde: fuente in-ter
ac-ti-va.
He visto niños rodar, danzar, corretear,
utilizar tantas partes inusitadas de su cuerpo para confrontar la fuerza del
agua o sentir su cosquilleo. Recientemente, hay nuevos descubrimientos, después
de los ayes por el súbito debilitamiento de la compañera de juego repartida en
varios haces.
El espejo de agua se hace tentación (por lo
calientito, escuché), pero se respeta. Ellos, los chiquitos, también saben que
no hay que estar volteando para atisbar a alguna autoridad. Está internalizada.
Espacios con posibilidades. Personas que se
permiten posibilidades: cantar y tocar, hacer bocetos, compartir una agradable
charla con amigos (hasta matizada con vinos, las he visto), descubrirse presa del acicate de la pasión en
algún recodo interesante, invitar a jugar, participar en algún juego, intentar
aprender nuevos equilibrios, competir en velocidad, cantar cumpleaños, tomar
fotos o filmar, acostarse en la fría losa, intentar un vuelo o desplazamiento,
a control remoto o hacer llegar la pelota anfibia hasta la orilla, también a
control remoto.
Hay quienes la afirman vecinal. La realidad y
el derecho van más allá de eso. Pero eres tu, vecino de Los Palos Grandes, por
lo cerquita, quien vas dibujando el quehacer posible con el uso creativo de tu
expansión. Tírate un paso.
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