Esquizofrenógeno
“Si, pero no… No, pero si”. En la jerga psiquiátrica, cuando los mensajes son
así en un sistema de vínculos, la confusión y la incertidumbre pueden devenir
en dificultades más serias.
“Pero, para que ponen reglas si saben que no
se van a cumplir” escucho. La plaza luce
un acrílico con normas de convivencia, en un lugar visible y con una redacción
bastante cuidadosa, los viandantes las vamos asimilando como señal de autoridad.
La actitud, de aprobación o desaprobación,
se hacen presentes.
Alguien, cual globo de ensayo, Cultura Chacao, de acuerdo al rif del
acrílico, haciendo caso omiso del quehacer, tras 16 meses de vida en la plaza,
le pareció que sólo los menores de 3 años tienen derecho a correr tras una
pelota en la plaza. Sobre esta jurisprudencia o sobre el permiso de uso de
bicicletas a menores de 10 años, convendría un diálogo y conocer criterios,
tanto del Consejo Municipal, como de Justicia Municipal. Y no digamos del C. M. de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, o del Comité de Usuarios que
elegimos hace poco más de un año. O de los habitués de la plaza.
No se trata de que el uso-abuso en que se ha devenido con las pelotas, se
imponga. Se trata de no perder el espíritu de laboratorio de cultura ciudadana
y de confianza en la autoregulación de los sistemas y la participación activa
en los compromisos, tras una evaluación adecuada.
Que una autoridad, o mejor, que un modo
autoritario -no lo llamaré paternal para
no decir mal de un ejercicio paterno que, fuera del estereotipo cultural, en el
que creo-, por proteger a otros a quienes considera afectados, sale del espacio
presumido del “aquí no hay ley”, al otro extremo, desconociendo a otros
representantes de esa gestión, no puede menos que preocupar en términos del
ejercicio de la democracia.
Otra instancia, asoma un juego controlado -cuando
yo diga, si vale-. Desde allí, validado el poder, que tiene recursos y ofrece
estímulos y organización, se plantean jornadas deportivas especiales. Y fuera
de ese marco, ¿no hay organización posible? ¿Nos manejamos solo en el modelo de
acatar órdenes?
En la cotidianidad, hay espacios de conflicto
de intereses: en un cruce de vías, con sendos semáforos, cruzamos por los
rayados y a veces nos embiste un carro. Pensamos indignados que viola nuestro
derecho y perdemos de vista que el semáforo le indica también su posibilidad de
cruce. La flexibilidad y la negociación pasan por conocer y validar el derecho
del otro. Veremos la actitud del nuevo cafetín Provenzal.
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