domingo, 19 de enero de 2014

Oda a El Nacional (mientras les llega el aval de las divisas para la importación del papel)

Oda a El Nacional
Quiero honrar el quehacer periodístico, lo hago con el punto de partida de un collage de notas que realizó el diario El Nacional, de Caracas, Venezuela, con motivo de la celebración de sus 70 años.
El difícil ejercicio del periodismo en nuestro país, en la actualidad y la conciencia de saberme poseedor de una historia que ha bebido de las fuentes de los que han hilvanado con sus discursos los aconteceres que la conforman, es para mi un compromiso, antes de vivir una sensación de estar fuertemente desdibujados. Sabías de “Un mundo feliz” de Huxley pero no me había paseado por 1984, de Welles.
Un paseo por su propia autocomplacencia, reiterada por otros:
“Comprado por partes, rescatado de un galpón oscuro de Boston, estibado y enviado en un barco que surcó aguas infestadas de submarinos nazis, el armatoste –un “remedo de rotativa”, como lo recordarán aquellos pioneros- estará listo para dar a luz a esa criatura de papel, que será espejo y contrafuerte de una sociedad que lucha por salir del atraso y asomarse a la modernidad.
A duras penas los mecánicos logran descifrar planos, insertar tornillos, apretar tuercas, sostener planchas y equilibrar cilindros. Traqueteando y ensordeciendo el espacio de esa callejuela donde destacan tres bares, una casa de dudosa reputación y una farmacia, el fruto del invento sale a buscar clientes el 3 de Agosto de 1943. Se vende a 0,20 centavos el ejemplar.
Voz plural, aguerrida y de libertad a toda prueba.
El periódico cruzó el umbral del nuevo milenio de una forma tan vigoriza que hoy podría volver a publicarse, sin que se advierta vejez en las palabras, un artículo contra el fascismo, que Miguel otero Silva introdujo en ese número del 3 de agosto de 1943, llamado “El ocaso de un farsante”.
En su tránsito, el diario se ha topado con el poder. Si algo lo define es su irreverencia frente a quienes lo han ejercido durante las últimas siete décadas en Venezuela.
Dice la socióloga y politóloga María Sol Pérez Schael: “El Nacional abrió una brecha en el oscuro mundo de la hegemonía comunicacional y con ello ha hecho honor a los valores de la libertad de expresión y de la democracia, vigentes desde el origen mismo de este polémico diario”.
El país despertaba al siglo XX y no terminaba de limpiarse los oprobios de la larga, vergonzosa y sanguinaria dictadura  de Juan Vicente Gómez cuando apareció el diario El nacional que significó un amanecer en el mundo de las letras, las artes plásticas, la cultura y la política en general.
En vez de narraciones engoladas, se publicaban noticias con todos sus atributos modernos, escritas con corrección y claridad, con sensibilidad que vibra, que se estremece, ante el paisaje, ante el suceso, ante las figuras humanas, y captan el dolor y las emociones. No son reportes policiales ni  tratados sociológicos, sino prosa vigorosa, fuente de rebeldía en el fangoso tremedal de servilismo e indignidad. El diarismo cambió, también la profesión de periodista.
Cuando la censura abierta de la dictadura perezjimenista dejaba su marca roja,  como si de heridas se tratase, en las cuartillas de reporteros y colaboradores el diario encontraba la manera de que los lectores se mantuvieran informados, bien a través de informaciones que parecían inocuas o desatinadas o de artículos de opinión que ubicaban en el pasado remoto situaciones que se vivían a la vuelta de la esquina. El arte de escribir entre líneas requiere de expertos cinceladores del lenguaje y en la redacción los había por montones, literatos de alto vuelo que sabían a lo que se arriesgaban: cárcel, destierro o muerte, el orden de ejecución lo decidía el esbirro de guardia.
Ha asumido que su papel no es callar ni alabar la pintura de labios de la denunciante cuando sus ojeras muestran las huellas de la violencia doméstica.
No es periodismo inocuo ni complaciente, tampoco se vale del escándalo para compensar bajas en la caja registradora.
Nos hemos propuesto, si, denunciar la justicia fraudulenta, liberar al preso inocente y defenestrar los gobiernos no democráticos.
Como lo escribió Miguel Otero Silva:”la clara voz de los poetas y de los artistas, la luminosa presencia del arte y de la cultura, es incompatible con el alma sombría de los tiranos”.
Su función es más efímera y más elemental aunque de alto riesgo (se han convertido en objetivos militares y de turbas manipuladas): decir la verdad y lo que ocurre, sin que importe quien se disguste.
Dice el poeta Rafael cadenas. El Nacional es un periódico que quiero mucho.
Y el urbanista Guillermo Barrios: “Crecí con El Nacional. Ha sido siempre una ventana para ver el ancho mundo y aventurarme a él al tanto de sus vicisitudes”.
En boca del investigador de la comunicación Antonio Pasquali: El Nacional nació como instrumento de calidad para el seguimiento de la ciudad y el mundo desde una perspectiva nacional y de centroizquierda, democrática. Añadió pronto, y con sumo éxito, el ser referente esencial de la vida cultural del país.
… siguiendo con los testimonios, añade la psicóloga social y ex ministra Mercedes Pulido: “El Nacional es el disfrute de la visión crítica, testimonial y estimulante del entorno que vivimos… Resalta por encima de todo el compromiso con la información, el quehacer cultural y el análisis de sus colaboradores.
Y la escritora y psicoanalista Ana teresa Torres: “Creo que para los venezolanos su continuada presencia es una referencia invalorable del acontecer del país, y particularmente para la vida cultural.
El Nacional creo las páginas culturales, con José Ratto Ciarlo, y las científicas, con Arístides Bastidas, pero también las deportivas, las hípicas, las económicas y las de humor, con nombres como Rodolfo José Mauriello, Abelardo Raidi, Vhepino Gerbasi, Aquiles Nazoa y Kotepa Delgado.
También fue vanguardia en la implantación entre sus redactores y editores del manual de estilo, que ante todo significa la preservación de una manera de escribir, que es su sello y garantía de calidad.
En  1967, en el congreso Los Diarios de caracas, el periodista Oscar Yanez se refirió al medio que tenía 24 años circulando” Hasta entonces se hacía un diarismo gris, de pequeños títulos, sin ilustraciones y este periódico le comenzó a dar importancia a la fotografía y a los titulares ágiles y grandes”.
 fue innovador desde la apariencia y diagramación hasta el contenido.
Reorganizaron el catálogo de fuentes tipográficas del diario, crearon la página de maquetación y dictaron pautas para los encuadres fotográficos.
Aportó el valor del uso de los espacios blancos en las páginas.
Como en modo cotidiano, señala César Miguel Rondón, periodista, locutor y escritor: Tengo un oficio particular: soy lector profesional de periódicos. Es decir, me pagan por leérselos a una multitud que acompaña sus mañanas con un receptor de radio siempre cerca. Los despliego frente a mí. Vienen de todas partes del país y del mundo. Los escudriño, los subrayo y le saco punta a sus detalles más resaltantes. Después de una primera lectura a sus portadas, descarto la mayoría. El Nacional siempre queda, siempre permanece entre los primeros.
Nuevamente, insertamos un comentario de María Sol Pérez Schael: “Festejar 70 años, en un país de memoria corta y de sobresaltos políticos, merecen nuestro reconocimiento.”
Un archivo de décadas adquiere con el tiempo una sorpresiva propiedad: se vuelve inagotable. Como si fuese una mina de vetas incalculables: cada incursión supone nuevos hallazgos…. El archivo es un instrumento vivo de la memoria: la revuelve, la renueva y reordena, la dota de nuevas fuentes de inspiración.
El Nacional tiene algo de júbilo, de reiterada confianza en el futuro de Venezuela.
Desde la mirada de los nobeles periodistas premiados, pescamos estas gratitudes y apreciaciones, con pujanza y frescura:
David González, premio Henrique Otero Vizcarrondo: “El periodismo es una actividad intelectual antes que nada. A veces tengo en mi cabeza un concepto que no sé si existe, pero que llamo `inteligencia editorial`. Es el ejercicio del pensamiento para planificar contenidos, anticipar tendencias, identificar la fisura de los temas, estructurar para dislocar los puntos de vista del lector”.
Mientras que Adriana Rivera, premio Miguel Otero Silva, reconocida en su labor de investigación, aporta su visón: Es lo que me da adrenalina, conocer un tema y encontrarle algo distinto todos los días”.
José Juan Blanco, reconocido con el premio José Moradell, insiste en la mirada creativa: “ Me gusta estar siempre innovando. Si veo que algo está hecho de una manera, busco una mejor forma de hacerlo”.
Además de la veta creativa, se honra la calidad. Señala Flor Cortez, premio Oscar Guaramato: “La edición es un ejercicio de precisión, pero también de respeto por quien escribe; además de corregir errores obvios, un editor se encarga de vigilar que el texto que va a ser publicado, sea lo más legible posible.
Se abren en los nuevos tiempos, formas inéditas expresadas en el periodismo digital. Layla Calderón, premio Periodismo  Digital señala: “El periodismo en las nuevas plataformas que brinda Internet me deja una sensación de satisfacción permanente… Es una nueva manera de hacer periodismo en el presente y sin duda, el futuro. Me encanta la presión de la inmediatez, el alerta permanente, la vigilancia de las noticias”.
Perspectiva que naturalmente se nutre de lo joven, por ello el premio Impacto del Año dado al equipo multimedia que lidera Eduardo Ponte, deja saber: “Tenemos el equipo más joven del periódico: chamos que respiran web, que aman lo que hacen, que son nativos digitales y que entienden el futuro de los medios como los mejores community manager del país y los mejores documentalistas web”… Participación e Interacción son palabras clave para el Departamento de Multimedia”.
En modo `contenidos`, tenemos reflejos interesantes de Fabiana Ortega y Angélica Lugo, premios Arístides Bastidas y Antonio Arraiz, respectivamente. Señala la primera: “Siento responsabilidad de dar buenas noticias, aunque suene romántico decirlo, y estoy segura de que la fuente me permite hacerlo. Es algo que hace falta en el país”.  Por su parte, digna representante del quehacer reporteril, Angélica Lugo, deja ver: “He escuchado historias que me han estremecido. Más que un empleo, es mi estilo de vida porque todo lo percibo desde el punto de vista periodístico”.
Los de la calle, como yo, que nos acercamos, son también reconocidos: así, la premiada por el mejor artículo de opinión, Elsa Cardozo, es destacada en  un estilo no lejano al diario: “prefiere calibrar el presente, reposar la noticia, reflexionar”. También sucede con el premio Carta del Lector: Antonio López Villegas: “Hay lectores persistentes, que abren el diario cada día buscando información para entender un poco más a Venezuela. Para ellos no es suficiente enterarse de lo que cuentan los periodista. Van más allá.”
Y es que lo resume Vivianne Font, premio María Fernanda Ramallo: “Es imposible resignarse a ser espectador”…
En eso andamos… haciendo camino al andar.
Andar… andar… Nada, hoy,  tras un largo periplo, no he hallado la edición dominical. Hay sed de noticias desde el inteligente trabajo periodístico.


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