domingo, 19 de enero de 2014

crónica 4 plaza de Los Palos Grandes (Caracas- Venezuela): cuidados cotidianos posibles desde el uso ciudadano.

Los cuidados de la Plaza. (Esas pequeñas cosas).

Uno se cree, así comienza Serrat su canto, en el cual nos habla de las pequeñas cosas.
Uno se cree que todo está bajo control, que en el tiempo, las cosas están llamadas a permanecer. Y se cree, que no es con uno…

En la plaza, ya el árbol de mango de la esquina se cayó. Lo reemplaza ¿un almendrón? Otros dos lo acompañan en la cercanía. En la esquina también está el bucare que sobrevivió a los afeites. La frondosidad de unos y otros aportarán su sombra y frescor, tal vez sus frutos, más las hojas, con sus manchones. Pedirán el cuido de todos.

Poco ha cambiado la plaza original, pero se ven manchas de asfalto  que ningún organismo se ha ocupado de reducir; gomas  de mascar y colillas, que también manchan.
Ya retiraron los pendones con los valores deseados (que servían de parabanes hasta para cenas románticas, con vino incluido). Estéticamente trastocaban la visual que se concibió en el diseño. Ahora, un anuncio-calcomanía, reza la prohibición de bebidas alcohólicas en la vía pública (¿será necesario? ¿tendrá el efecto deseado?) Es el primer marcaje prohibitivo que se hace público ¿Quién lo decidió?, ¿a quién consultó?

El uso de las pelotas (parte importante de la vida de la plaza,  necesidad sentida y expresada de niños y jóvenes) ribetea también los excesos: dos lámparas desprendidas y una pantalla rota. Un mal menor, tal vez, pero que son una alarma que llama a implicar a los que cometen excesos (y no será otra calcomanía la que calme esa sed). En esto hay juego posible para hacer ciudadanía activa: toma de conciencia, cambios conductuales, participación activa en la responsabilidad. Observen con atención, aprecien que también hay muestras plausibles en la socialización.
Muchos colegios tienen rutinas con los mismos personajes, ante los cuales se muestran tolerantes y tienen diversos ensayos de medidas de control. Acá, en estos espacios, puede haber algunas mejores.
Demasiadas manchas de polvo, o de no polvo, han quitado las pelotas, en su arribar hasta los ventanales.
Hay niños que han caído al espejo de agua, casos escasos, pero ha sucedido. También caen hojas de periódico y otros objetos. Dan ganas de hacer algo y tener con qué.
Los “patuques” de helados, teteros, jugos, han contado con la compañía de la lluvia y, cuando los tiempos sean otros, ¿habrá medidas oportunas?
Los perros se encargan de acelerar el proceso de oxidación ¿habrá quién se ocupe de echar una agüita para quitar la seña y así reducir el marcaje y deterioro? Sucede también en algunos de los pilares de la estructura aérea.
En la estructura aérea aun se ven algunos tirros,  que fácilmente desprenden la pintura. ¿Quién pone? y ¿quién quita? (¿recuerdan los globos que permanecieron hasta el desinfle y más allá?).
Hay quien se acostumbra (o no pierde la costumbre) de dejar botellas, pitillos, bolsas, paletas, vasos, celofanes de empaque, servilletas, latas y ¡hasta cajas de zapatos!

Toca a todos “arrimar el hombro” (también aguzar la mirada) y ¿por qué no? esbozar una sonrisa de satisfacción.








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