Los cuidados de la Plaza. (Esas pequeñas cosas).
Uno se cree, así comienza Serrat su canto, en
el cual nos habla de las pequeñas cosas.
Uno se cree que todo está bajo control, que en
el tiempo, las cosas están llamadas a permanecer. Y se cree, que no es con uno…
En la plaza, ya el árbol de mango de la
esquina se cayó. Lo reemplaza ¿un almendrón? Otros dos lo acompañan en la
cercanía. En la esquina también está el bucare que sobrevivió a los afeites. La
frondosidad de unos y otros aportarán su sombra y frescor, tal vez sus frutos,
más las hojas, con sus manchones. Pedirán el cuido de todos.
Poco ha cambiado la plaza original, pero se
ven manchas de asfalto que ningún
organismo se ha ocupado de reducir; gomas
de mascar y colillas, que también manchan.
Ya retiraron los pendones con los valores
deseados (que servían de parabanes hasta para cenas románticas, con vino incluido).
Estéticamente trastocaban la visual que se concibió en el diseño. Ahora, un
anuncio-calcomanía, reza la prohibición de bebidas alcohólicas en la vía
pública (¿será necesario? ¿tendrá el efecto deseado?) Es el primer marcaje
prohibitivo que se hace público ¿Quién lo decidió?, ¿a quién consultó?
El uso de las pelotas (parte importante de la
vida de la plaza, necesidad sentida y
expresada de niños y jóvenes) ribetea también los excesos: dos lámparas
desprendidas y una pantalla rota. Un mal menor, tal vez, pero que son una
alarma que llama a implicar a los que cometen excesos (y no será otra
calcomanía la que calme esa sed). En esto hay juego posible para hacer
ciudadanía activa: toma de conciencia, cambios conductuales, participación
activa en la responsabilidad. Observen con atención, aprecien que también hay
muestras plausibles en la socialización.
Muchos colegios tienen rutinas con los mismos
personajes, ante los cuales se muestran tolerantes y tienen diversos ensayos de
medidas de control. Acá, en estos espacios, puede haber algunas mejores.
Demasiadas manchas de polvo, o de no polvo,
han quitado las pelotas, en su arribar hasta los ventanales.
Hay niños que han caído al espejo de agua, casos
escasos, pero ha sucedido. También caen hojas de periódico y otros objetos. Dan
ganas de hacer algo y tener con qué.
Los “patuques” de helados, teteros, jugos, han
contado con la compañía de la lluvia y, cuando los tiempos sean otros, ¿habrá
medidas oportunas?
Los perros se encargan de acelerar el proceso de
oxidación ¿habrá quién se ocupe de echar una agüita para quitar la seña y así
reducir el marcaje y deterioro? Sucede también en algunos de los pilares de la
estructura aérea.
En la estructura aérea aun se ven algunos
tirros, que fácilmente desprenden la
pintura. ¿Quién pone? y ¿quién quita? (¿recuerdan los globos que permanecieron
hasta el desinfle y más allá?).
Hay quien se acostumbra (o no pierde la
costumbre) de dejar botellas, pitillos, bolsas, paletas, vasos, celofanes de
empaque, servilletas, latas y ¡hasta cajas de zapatos!
Toca a todos “arrimar el hombro” (también aguzar
la mirada) y ¿por qué no? esbozar una sonrisa de satisfacción.
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