“La
plaza es mi patio”. Frase “tu cu tu” escuchada a mi hijo. Yo, que vengo en
serias reflexiones desde hace más de 3 décadas sobre la adolescencia de
espacios públicos en nuestra ciudad para la recreación y de la necesidad de
alternativas para la socialización. Yo, que tuve la fortuna de jugar en la
calle consuetudinariamente, de hacer amigos, de aprender a resolver conflictos
más allá de las bravuconadas o trompadas en el juego, de tanto jugar. Los que
me leen podrán quizá saber cuántas metras rodaron en nuestros cercanos y
disponibles espacios al frente de nuestras casas o en los entornos escolares o
comunitarios. Y cuánto curtieron nuestro ser social. De cómo “el escondite” no
fue secreto para romances o para fomentar lazos sociales trascendentes. Y cómo
los postes mantenían su resonancia de campanas liberadoras por todos, con el
fondo de las luces mortecinas del comienzo de la noche popular. O cómo el Stop
era mucho más que una palabra en inglés. Cultura infantil.
En ocasiones
festivas comunitarias en las cuales nos tomaban en cuenta, por ejemplo, en el
Domingo de Resurrección, unos sacos u otros divertimentos competitivos, acercaban
a diferentes grupos de edades.
La
plaza de Los Palos Grandes ha venido siendo una ventana donde ese importante y
poco valorado espacio de aprendizaje social de derechos y deberes entre iguales
que es el Juego, ha venido teniendo lugar. Allí también hemos visto mezclarse
jóvenes, adultos y niños.
La plaza se ha consensuado como un laboratorio de cultura ciudadana. La norma que prohíbe la pelota de futbol en la
plaza asombra y pisotea ese germen de la vida social lo que podría echar al traste lo que
las fuerzas vivas expresan. Si bien el compromiso de recrear tradiciones,
consciente de su valor, es una tarea que sabremos emprender, no podemos
cegarnos a lo que a toda prueba los mismos muchachos y muchachas canalizan. No
se trata de sustituir sino de crear opciones, con respeto, con encanto, sin
amenazas ni manipulaciones. Es más, proponiendo en forma entusiasta formas para
que la trama familiar se vea beneficiada. Para que se extienda el ejercicio
democrático y la obediencia no sea la única salida a contemplar. Contemplar,
si. La acción tiene su coherencia interna y si es compartida por un grupo, es
fuerza a considerar. “Hoy podemos, gracias a La Plaza de Los Palos Grandes,
en lugar de mandar a los muchachos “a ver si el gallo puso”, orientarlos hacia
el ejercicio de la ciudadanía. Mientras más jueguen, más y mejor lo sabrán.
0 comentarios:
Publicar un comentario